AINI en el teléfono: qué se puede resolver fuera del escritorio
Qué módulos de AINI funcionan hoy desde un teléfono, por qué el producto móvil es deliberadamente más chico que el de escritorio y qué conviene dejar para cuando vuelvas a la computadora.
Mostrando el Ayudante en el teléfono
Desde un teléfono funcionan tres módulos completos de AINI: el Ayudante —con las mismas fuentes, las mismas citas y el mismo razonamiento a la vista que en el escritorio—, los proyectos con sus documentos y su actividad, y el alta de playbooks. Es la misma cuenta y la misma sesión: lo que dejaste abierto en la computadora es lo que abrís en el teléfono. Lo que NO está en móvil son las vistas de tabla —revisión masiva y matriz legal—, y no por falta de tiempo: en 390px de ancho no se pueden leer, y ofrecerlas a medias sería peor que no ofrecerlas. Hoy se entra desde el navegador; la app nativa para iOS está en camino al App Store.
¿Qué módulos funcionan hoy desde el teléfono?
Tres, y los tres enteros. No son versiones recortadas ni un visor de sólo lectura: es la misma aplicación, con su layout para pantalla chica.
El Ayudante es el que más cambia de sentido fuera del escritorio. Una consulta normativa rara vez aparece cuando uno está sentado frente a la computadora: aparece en el pasillo de tribunales, en una reunión o al leer un mensaje. Desde el teléfono se pregunta, se lee la respuesta con sus citas contra normativa y jurisprudencia oficial, se sigue el razonamiento —qué buscó, dónde y qué verificó— y se repregunta, sin cambiar de dispositivo.
Los proyectos llevan al teléfono el estado del asunto: sus documentos, su actividad reciente y su equipo. Y el alta de playbooks resuelve un caso muy concreto: los criterios de revisión del estudio se dan de alta cuando aparecen —se sube el PDF y AINI extrae las reglas— en vez de esperar a volver al escritorio, que en la práctica suele querer decir nunca.
| Módulo | Qué se hace desde el teléfono |
|---|---|
| Ayudante | Consultar con respuestas citadas, ver el razonamiento, adjuntar un archivo o una foto de un documento y preguntar sobre eso. |
| Proyectos | Abrir un asunto con sus documentos y su actividad, y consultar al Ayudante dentro de ese contexto. |
| Playbooks | Subir un PDF de criterios, nombrarlo y dejarlo disponible para todo el equipo en un paso. |
| Ajustes | Cambiar el tema, revisar la cuenta y cerrar sesión. |
¿Por qué no está todo el producto en el teléfono?
Porque hay trabajo que una pantalla de 390px no puede sostener, y decirlo es más útil que fingir lo contrario.
La revisión masiva y la matriz legal son grillas: cincuenta contratos como filas y una decena de columnas comparables. Su valor entero está en ver el conjunto de una sola mirada —los tres que renuevan el mes que viene, los cinco sin límite de responsabilidad—. Reducida a una columna, esa grilla deja de ser una grilla: se convierte en una lista que hay que recorrer, que es exactamente el trabajo que la vista venía a eliminar.
Por eso esos módulos siguen habilitados sólo desde escritorio. No están escondidos ni anunciados como "próximamente": la aplicación sabe qué rutas tienen una versión usable en un teléfono y no ofrece las otras. Anunciar en la página de móvil algo que el usuario no va a encontrar sería el peor de los dos errores posibles.
La regla que ordena la decisión es simple: al teléfono va lo que se resuelve en una pantalla y en pocos minutos —una consulta, una lectura, una subida—; al escritorio, lo que exige comparar. Casi todo el trabajo jurídico se reparte limpio entre esas dos categorías.
¿Hace falta instalar una app?
Hoy no. Se entra desde el navegador del teléfono con la misma dirección y la misma cuenta de siempre, y la aplicación se acomoda sola a la pantalla. No hay que esperar una aprobación de tienda ni convencer al área de sistemas de instalar nada.
La app nativa para iOS está en camino al App Store. Lo que va a agregar es lo que sólo puede dar una app instalada —el ícono en la pantalla de inicio, las notificaciones, el acceso más directo a la cámara—, no capacidades distintas: los módulos son los mismos.
Quien quiera enterarse el día que salga puede anotarse en la lista de espera desde la página de AINI Móvil. Es un correo y nada más.
¿Es la misma cuenta y el mismo estado que en el escritorio?
Sí, y esa es la parte que hace que el teléfono sirva para trabajar y no sólo para mirar.
No hay una "cuenta móvil" ni un espacio aparte que después haya que reconciliar. Es la misma sesión sobre el mismo backend: una conversación empezada en la computadora sigue donde estaba, un documento subido desde el teléfono aparece en el proyecto para todo el equipo, y un playbook cargado en el subte queda aplicable desde el composer del Ayudante esa misma tarde.
Los permisos también son los mismos. Un proyecto compartido con el equipo se comparte con los permisos que ya tenía: el dispositivo desde el que se entra no cambia quién puede ver qué.
¿Qué hay que mirar en seguridad al trabajar desde un teléfono?
El teléfono es el dispositivo que más fácil se pierde, así que la pregunta correcta no es si la conexión va cifrada —eso se da por hecho— sino qué queda en el aparato si desaparece.
En AINI, los documentos y las conversaciones viven en el servidor, no en el teléfono: la aplicación los muestra, no los deposita. La sesión se sostiene con cookies HttpOnly, que el JavaScript de la página no puede leer, y no con un token guardado en el almacenamiento del navegador —que es justamente lo que un dispositivo comprometido entrega primero—.
Lo que sí conviene revisar del lado del estudio es lo de siempre y no es específico de AINI: bloqueo de pantalla en los teléfonos del equipo, y cerrar sesión desde Ajustes en un dispositivo que deja de usarse. Ninguna herramienta puede reemplazar esas dos cosas.
¿Cómo conviene usarlo en la práctica?
El patrón que mejor funciona es tratar al teléfono como el lugar donde se captura y se consulta, y al escritorio como el lugar donde se decide.
Capturar: sacarle una foto a un documento que aparece en una reunión y preguntar sobre él en el momento, subir el PDF de criterios apenas se acuerda, dejar la consulta hecha para leerla con calma después.
Consultar: verificar una cita, chequear si una norma sigue vigente antes de afirmarla en voz alta, mirar en qué quedó un asunto antes de entrar a una llamada.
Decidir queda para el escritorio, y no por una limitación del teléfono: comparar cincuenta contratos, redactar sobre un playbook y firmar un criterio son tareas que piden pantalla grande y tiempo sin interrupciones, en cualquier herramienta.