Tus documentos no entrenan modelos. Y antes de que un texto salga hacia el modelo, los nombres, DNI, CUIT y datos sensibles se reemplazan por referencias cifradas con la clave de tu cuenta: al proveedor le llega PERSONA_1, no el nombre de tu cliente.
La confidencialidad no depende de una promesa contractual: depende de que el dato sensible nunca salga. Estos son los cuatro pasos que corren en cada consulta.
Antes de cualquier envío, el texto pasa por detectores construidos para documentos argentinos: DNI, CUIT y CUIL, pasaportes, CBU y CVU, domicilios, teléfonos y correos, y categorías sensibles como datos de salud o afiliación sindical, política y religiosa.
Cada dato detectado se sustituye por una referencia opaca. Donde el contrato dice “Juan García, CUIL 20-12345678-3”, al modelo le llega “PERSONA_1, CUIL 1”. El número es un identificador interno: no revela nada del valor original.
La tabla que vincula cada token con su valor real se cifra con una clave derivada de tu cuenta y queda aislada: los tokens de una cuenta no permiten revertir el texto de otra. Los que dejan de usarse se purgan a los 90 días.
La respuesta del modelo vuelve con los tokens y AINI los reemplaza por los valores originales antes de mostrártela. Vos leés los nombres reales; el proveedor del modelo nunca los vio.
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La verificación, limitación y registro de accesos se aplica de forma uniforme en todos los usuarios y sistemas. Nadie tiene acceso por defecto.
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